Escola de Pilota


jueves, 27 de septiembre de 2007

Rics i pobres

Por Soter a las 21:25 | Qui més sap, no sap res
Ningú podria negar que la nostra és una societat dependent del deport. En l’últim segle l’activitat deportiva ha pasat de ser una passatemps a moure millons i millons d’euros i, per lo tant, a ser una activitat lúdico-económica bàsica de la nostra societat.

Este fet implica l’encumbrament dels deportistes, la creació de mites, de llegendes, de personages històrics. Personages que, al cap i a la fi, solament han fet que practicar be una activitat deportiva. Estos personages es convertixen, de la nit al dia, en persones mega-superimportants, en un nivell adquisitiu económic important, socilament apreciats. En personages claus de la societat.

Ara bé, sembla que este estatus no és adequat per a qualsevol deportista. Els aficionats a deports com la pilota valenciana, deports conseiderats com a minoritaris i, indirectament, poc importants i prescindibles, nos donem conte de que este estatus solament és per als practicants dels deports de masses, el futbol, el básquet, la F1, el golf...

Sembla que solament els aficionats als deports minoritaris i minorisats socialment nos donem conte de la dictadura dels deports de mases i del recolsament que reben dels mijos de comunicació.

Pareix que solament des dels deports minoritaris nos donem conte de les injusticias patides per la dictadura dels deports majoritaris. Els mass-media i la clase politica no reaccionen en este sentit.

Tot aço m’ha vingut al cap després de llegir el dumenge pasat una columna d’opinió en la secció de deports del Levante-EMV. Una columna que a continuació podeu llegir i que plasma les diferéncies entre els deports majoritaris i els minoritaris:




Ricos y Pobres


Observa uno la foto del Ferrari de Joaquín aparcado sobre la acera del Palau, donde Camps, y le viene a la memoria un sucedido de ha ce unos meses.

Resulta que en las proximidades de Valencia, se celebró un acto social al que, entre otros invitados, acudía la flor y nata del deporte. Al llegar Álvaro, campeón indiscutible y máxima figura de la pilota, fue a aparcar en el recinto reservado para los VIPS. A la vista de la flota de coches de lujo y de alta gama que contempló al entrar, optó por dar la vuelta y estacionar fuera su vehículo, mucho más modesto. Aquellos carros -Aston Martin, Ferrari, Mercedes y otras piezas de parecido pelaje- pertenecían a los jugadores del VCF allí presentes, con quienes Álvaro comenzó a departir. Al rato, un rugir de potentes motores atrajo la atención de todos. Era el golfista Sergio García, que acababa de llegar a los mandos de su impresionante Maserati. Al verle descender del carro, uno de los futbolistas del VCF comentó: «¡Estos cabrones del golf sí que manejan pasta!». Alvaro se le quedó mirando... y no dijo nada. Tan solo esbozó una sonrisa.
Así de cruel es la vida y así de mal repartido está casi todo en este mundo. Álvaro podría girar su vista, por ejemplo, hacía Cristina Mayo, esa balonmanista ya mítica, que anda otra vez, como casi todos los otoños, clamando al cielo sin que nadie la escuche. Ella, tan incansable como insaciable, no se da por vencida e insiste en mantener viva la llama -siempre tenue entre nosotros, pese a los éxitos cosechados- del balonmano.

Por contra, Sergio García no requiere de ayudas oficiales ni de subvenciones públicas para jugar al golf y garantizarse un buen pasar de por vida. Unos tratan de mal imitarle, otros se limitan a contemplarle con envidia, y los más, pasan. Pero no da la vara. Es autosuficiente.

La Mayo, en cambio, sigue empecinada en lo suyo, que es de muy pocos, como de minorías selectísimas. Su tenaz cruzada no tiene mucho sentido: Su propuesta, al menos por estos pagos, no se mantiene.

El fútbol, que sí es de casi todos, no se conforma con alimentarse de lo mucho que recibe: taquillajes, abonos, televisión, merchandising... Necesita más. Su voracidad provoca, en muchos casos, la insostenibilidad.

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